Como muchos otros judíos que llegaron a la Argentina huyendo del Holocausto, cuando Eugenia Sacerdote y su marido desembarcaron del transatlántico
Oceania en el puerto de Buenos Aires el 24 de julio de 1939, lo hicieron como católicos, para sortear la secreta política antisemita del estado argentino de aquella época.
El dato se desprende de la lista de pasajeros de aquel barco conservada en el Archivo General de la Nación y en la base datos del CEMLA, institución dedicada a los estudios migratorios en Latino América.
Luego, durante el gobierno del General Juan Perón, Sacerdote tuvo que soportar que no se le revalidara su título de médica mientras que el Ministro de Salud Ramón Carrillo le enviaba a un médico alemán recién llegado con el título sí perfectamente revalidado para aprender con ella.
A pesar que Sacerdote era plenamente conciente del rechazo argentino a la llegada de judíos, cualquier alternativa era mejor que permanecer en su país natal Italia, entonces bajo la dictadura fascista de Benito Mussolini. Se calcula que eventualmente unos 7500 judíos italianos fueron enviados a morir a los campos de concentración del nazismo.
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El diario Corriere della Sera anuncia nuevas medidas antisemitas en Italia el 11 de noviembre 1938.
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Como preludio a esa matanza, entre septiembre y noviembre 1938 Italia dictó una serie de medidas antisemitas, entre ellas la prohibición de matrimonios mixtos, la expulsión de judíos de empleos públicos, de las universidades y de las más importantes esferas de la actividad privada, así como la prohibición de contratar empleados cristianos, ir de vacaciones o de siquiera publicar clasificados en los periódicos, entre otras limitaciones.
Para Sacerdote, quien junto con su prima Rita Levi Montalcini (futura Premio Nobel de Medicina en 1986) era una de las primeras mujeres recibidas de médica en Italia, las medidas significaban además un abrupto corte del deseo de poner su vida al servicio de la ciencia.
A diferencia de otros judíos que no pudieron escapar, entre ellos su prima, quien debió abandonar sus investigaciones académicas oficiales mientras duró el fascismo, Sacerdote tuvo la fortuna que la empresa Pirelli donde trabajaba su marido Maurizio Lustig, también judío, le ofreció trabajar en su subsidiaria argentina.
Pero por su religión Sacerdote y su marido no podían ingresar libremente a Argentina, ya que el año anterior el Ministerio de Relaciones Exteriores había dictado una nefasta órden secreta que prohibía otorgar visas a judíos. (Esta orden se mantendría secreta hasta el año 2005, ver:
"Circular 11").
El consulado argentino en Milán, donde Sacerdote vivía, era además una puerta cerrada a los judíos que llegaban desde toda Europa para intentar conseguir una visa, una puerta que solo se abría a los que tenían el contacto necesario y el dinero suficiente demandado por los funcionarios que lucraban vendiendo esas visas por abajo de la mesa allí.
Justamente para hablar sobre su viaje a la Argentina entrevisté a Sacerdote el 21 de febrero de 1999 para mi libro La Auténtica Odessa. Reproduzco aquí aquella entrevista:
- ¿Cómo era la situación en el consulado?
- Siempre muy lleno de gente, porque venían los judíos de Alemania, de Polonia, pasaban todos por Italia. En Italia no eran muchos los judíos pero todos intentaban venir a la Argentina porque ir a Estados Unidos era muy dificil, porque la cuota de italianos a Estados Unidos estaba completamente vencida, el otro lugar era Brasil o Argentina. Me acuerdo que el consul que estaba en aquel entonces ponía dificultad y pedía plata para dar la visa.
- ¿En que año fue eso?
- En el año 39. Para nosotros no ha sido tan dificil, mi marido venía ya con un trabajo. Pero para otra gente era muy dificil, tanto que mucha gente se fue a Ecuador, a Perú, a Bolivia, Paraguay, donde no había dificultad para obtener visa. Después de ahí poco a poco vinieron a la argentina.
- ¿Donde era esto?
- Esto era el consulado argentino en Milán.
- ¿El consul era Xxxx?
- Yo me acuerdo del nombre Xxxx, no puedo asegurarlo 100 por 100 porque allí iba mi marido, no yo. Me parece que era Xxxx.
- ¿Usted se acuerda de alguna cifra, la cantidad que ellos pedían?
- No. No me acuerdo ni cuanto valía la lira italiana.
- ¿Esto era público y conocido entre los que deseaban emigrar?
- Naturalmente, todos hablaban el uno con el otro, preguntaban: ¿Hoy cuanto vale la visa argentina? Ademas el problema de que no querían judios. Más que todo primero que no querían judíos.
- ¿Decían eso?
- No lo decían pero se hablaba, claramente no eran queridos. Para nosotros particularmente no era tan dificil porque veníamos con contrato de trabajo, pero para mi cuñado fue muchos mas dificil. Nosotros venimos antes y le mandamos la visa de acá, el "Pedido de Llamada". Venía tanta gente del centro de Europa, eran los días cuando empezó la guerra, el primero de septiembre empezó la guerra. Yo llegué acá poco antes. Era el momento terrible de huída de Europa.
- ¿Ustedes eran de Milán?
- Mi marido era de Milán, yo era de Turín. No había muchos consulados argentinos, había en Milán, en Génova y en Roma. Mucha gente iban a Ecuador que aceptaban los judíos, Bolivia, Paraguay. Yo conozco gente que vino del Ecuador, que vino del Perú.
- ¿Ustedes vinieron por el nazismo...?
- Por Mussolini, las leyes raciales de Mussolini. No se podía trabajar más, eramos ciudadanos de segunda. Yo era médica, mi marido trabajaba en Pirelli. No podíamos tener personal doméstico, nosotros teníamos dos hermanas que hacía 30 años trabajaban en casa y no podían entender porqué tenían que irse. Nos quitaron las radios. La policía italiana nos quitó las radios porque no querían que escucharamos a la BBC de Londres. En todos los edificios los porteros eran espías del facismo. Era terrible para nosotros. Pero todavía podíamos vivir. Después fue mucho peor porque entraron los alemanes y entonces vino la muerte.
- Sé que usted es una doctora muy renombrada...
- He formado a mucha gente.
- Le estoy haciendo esta preguntas porque estoy trabajando en una continuación de mi libro que se llama "Perón y los alemanes"...
- De eso algo sé. Me dio mucha bronca porque Perón no quería revalidar mi título de médica de Italia. Pero luego el Dr Ramón Carrillo que era el Ministro de Salúd Pública de Perón, me mandó a un joven médico alemán para que trabajara conmigo. Me dió mucha bronca. Me habló por telefono Carrillo y me dijo: "Le mando un médico joven que quiere aprender la técnica que usted usa." El hombre vino y me dijo: "Disculpe pero yo a las tres de la tarde me tengo que ir porque atiendo mi consultorio a las cuatro porque yo tengo un permiso firmado por el Ministro de Salud Pública que por 25 años yo puedo practicar la medicina."
- Recibían trato preferencial sin duda...
- Bueno, entonces voy a leer su libro.
Sacerdote en Argentina fue una encumbrada científica, investigadora del Conicet, jefa de Virología en el Instituto Malbrán y estuvo más de 40 años trabajando con células tumorales en el Instituto Angel Roffo. Falleció el 29 de noviembre del 2011 a la edad de 101 años.